Las huellas del tiempo

Ana Lucas, Catálogo de la exposición en la Galerie Dialogue, 2/9/1997

Aníbal Merlo, artista nacido en Buenos Aires (1949), reside en España desde 1974. Originalmente pintor, desde hace unos años desarrolla también una intensa y ya consolidada actividad en el campo de la. escultura, que ha sido valorada muy positivamente. Expone con regularidad en Madrid, ciudad en la que vive y trabaja en la actualidad. Ha. realizado también exposiciones individuales en Alemania, Austria, Bélgica y Argentina.

Su anhelo por plasmar el misterio de lo sido, me llevó hace ya muchos años, casi en los inicios de su andadura, a calificar a Aníbal Merlo de artista romántico. Ello se ha confirmado en su coherente evolución interior, que profundiza cada vez más en el enigma de la naturaleza, en la acción del tiempo sobre elÍa y sobre los objetos de la cultura. Un proceso que supone la puesta en práctica de una dialéctica histórico-natural centrada en objetivos muy concretos.

En su pintura, ese desarrollo le lleva a sabios resultados plásticos, a caballo una abstracción y una figuración difusa no exenta de geometría. Desde sus comienzos, ía evocación de paisajes soñados fue el tema principal de sus cuadros, donde se establecía un permanente diálogo entre cielo y tierra que todavía persiste.

De aquel discurso plástico se ha abandonado en gran parte 1a. Influencia expresionista y el tratamiento matérico. Formas de textura más plana, aligeradas de materia, ocupan su puesto, resaltando los cálidos ocres, amarillos, azules y rosas. Las visiones de la naturaleza. Reinventada alcanzan ahora una dimensión más ambiciosa, centrada en una cartografía de mundos imaginados, sustitutoria de los paisajes anteriores.

Ya no prima la imagen como representación directa del mundo, sino la racionalizada medición y ordenación del mismo. Imaginarios mapas de fantásticos contimentes, islas y mágicas constelaciones desfilan ante nuestros sorprendidos ojos. Esta cartografía de ensueño posee el candor de los mapas medievales, junto a la distanciada panorámica de la vista aérea. El tiempo es abordado como factor de génesis, trayecto y recorrido en el alumbramiento de las cosas, que muestran su paulatino crecimiento, sus distintas etapas de desarrollo, las instantáneas de su devenir, su tránsito y su declinar, sus impulsos y avances discontinuos e intemitentes. El tiempo registra el progresivo desplegarse de la existencia, al igual que la suma de los anillos concéntricos del tronco de un árbol, nos revela su edad.

Todas esas resonancias se acentúan en sus esculturas en madera -hijas emancipadas de su pintura- de factura depurada, conjugación armoniosa de curvas y rectas que no renuncian a. un acertado y personal tratamiento cromático. Manipulables construcciones que evc»can las formas de la naturaleza fosilizada, a la vez que objeíos-símbolos que bien. Podrían ser vestigios de remotas civilizaciones por descifrar, de las que sólo poseemos sus fragmentos: las azarosas huellas escritas por el tiempo. Piezas con reminiscencias. Arqueológicas, donde Cronos ha deiaáo su. Impronta, ennobleciendo y ocultando, en su incompleta existencia actual, su atávica e hipotética función. Así, la naturaleza penetra en la historia y los referentes culturales se transforman en naturales. El tiempo, integrado como mi elemento más, es para Aníbal Merlo un orador elocuente, el. Artífice que talla y desgasta, que imprime y borra, el que construye estratos y sedimentaciones, labra formas y cuevas, erosiona la materia hasta quebrantarla, provoca vacíos y oquedades. La. Madera se torna en milenaria roca horadada por la constante acción del agua. Procedentes de sus lienzos, persisten huellas de otras vidas, de reminiscencia animal y vegetal: zigzagueantes serpientes, esbeltas hojas. A la cronología biológica, se añaden rastros que marcan los distintos tramos de un deambular. Extraños enseres y misteriosas marcas quedan impresos como instantes de detención de desconocidos cortejos, de peregrinaciones misteriosas que señalan rutas hacia ignotos lugares. Todo son pistas para el sagaz explorador. Aquel que sepa interpretarlas, hallará la senda.

Aníbal. Merlo, como un demiurgo, lega al hombre su universo soñado. Él constata los estragos del paso del tiempo en su paraíso natural, registra los restos documentales de su reino y confecciona mapas para conocer sus dominios. Todo invita al viaje. Fuerza y lirismo se alían y nos empujan a la aventura, a participar en el. Descubrimiento de una novedosa mitología.