El talante romántico de Aníbal Merlo

Francisco Calvo Serraller, El País, 1996

La esencia lírica y soñadora del artista aflora en sus trabajos, donde la madera aparece iluminada por el color.

No es frecuente hallar, en el remate de la temporada, una exposición individual de enjundia y, además, tratada con la misma generosidad como si estuviéramos en un momento comercialmente óptimo. Pero así lo ha hecho la galerista May Moré y hay que elogiárselo. El artista presentado en cuestión es Aníbal Merlo (Buenos Aires, 1949), un pintor argentino que reside en Madrid desde 1974. Por otra parte, al darse a conocer a comienzos de los ochenta, que es cuando comenzó a exponer en España y en el extranjero, sus coordenadas artísticas tienen que ver mucho con la estética expresionista de aquella fecunda y embravecida década.

La exposición actual de Merlo, de gran ambición, pues reúne un cuantioso conjunto de pinturas, esculturas y dibujos, nos revela el punto donde ahora se encuentra, que enlaza con el espíritu romántico desde el que arrancó, aunque con referencias más figurativas, sobre todo en sus paisajes. En Merlo, se funden pintura y escultura, pues suele emplear como soporte la madera, que puede tallar en formas variadas, pero que también es pigmentada. Personalmente, lo que más me ha convencido ha sido precisamente ese trabajo artístico de la madera, que es el comparativamente más rico y personal, y donde su autor, de respira soñadora y literaria, puede encauzar más su sentido simbolista, su amor por lo orgánico, su imaginativa plasticidad, así como su natural talante de expresionista. Merlo inventa mundos cuyos restos luego materializa procurando subrayar su acento arcaico, su dimensión ancestral, como fuera del tiempo. En cierta manera, es un artista de mitologías, de raíz, en efecto, muy romántica.