Otros mundos

Francisco Carpio, La Razón, 25/4/2003., 2003

Hace ya más de dos años señalaba en estas mismas páginas que pintura, escultura y fotografía eran las tres palabras primordiales para (d)escribir el lenguaje plástico de Aníbal Merlo (Buenos Aires, 1949). Ahora, con motivo de su nueva muestra en la misma galería madrileña, podemos comprobar cómo esas tres vías continúan siendo los pilares sobre los que el artista argentino edifica su sintaxis. Sólo un matiz: en esta nueva entrega lo pictórico, acompañado de una presencia cada vez más sólida de la fotografía, ad-quiere un mayor protagonismo con respecto a sus esculturas.

Los planos acantilados del lienzo han sido puerto de partida desde el que Merlo inicia su singladura artística. Una pin-tura a la que irá incorporando nuevas tex-turas y soportes, nuevos paisajes y geografías, a la búsqueda -tal vez inalcanzable- de otra ignota dimensión. Extrañas arquitecturas, singulares construcciones, a medio camino entre el sueño y lo posible, escaleras y peldaños que pueden conducimos a un singular viaje, mestizos paisajes, yacimientos de una arqueología milenaria y/o inventada, son algunas de las criaturas que habitan el mapa de sus cuadros.

Una piel pintada en la que, como un acné lunar y volcánico, se abren formas ovaladas y circulares, huecos, cráteres y vanos por los que acceder a otros mundos insospechados, naves y bajeles en los que zarpar hacia un último finisterrae.

En ciertos casos, los formatos rectangulares y alargados contribuyen a potenciar ese sabor a viaje, a trayecto. Algunos lienzos mantienen una mayor evocación figurativa, en otros se advierte una estrategia más abstracta y organicista. En todos ellos un diverso y trabajado ritmo de texturas y un delicado registro cromático de ocres, tierras, rojos, grises y algún azul verdoso animan y personalizan sus superficies.

A este juego entre realidad y ficción -tan característico de su compatriota Borges-Aníbal Merlo le añade una nueva vuelta de tuerca con sus trabajos fotográficos. La aparente y engañosa «verdad» de la fotografía queda aquí también cuestionada al emplear procesos y estrategias digitales que le permiten reconstruir -y deconstruir- los vestigios reales del paisaje, de la arquitectura, de la naturaleza, de la huella humana. Particularmente considero estas obras los hallazgos más destacables de la muestra. A través de la manipulación digital de unas imágenes fotográficas previas consigue inventarse una nueva geografía, un nuevo mundo.