Entre el misterio transcrito y la sorpresa de la propia pintura

José Manuel Álvarez Enjuto, Aníbal Merlo, Revista Arteguía, 1988

Los recintos privados de Aníbal Merlo, paisajes, casi siempre son paisajes, aparecen alejados, misteriosos, solitarios, virginales. Allí, en el ambiente, en los parajes deshabitados por el hombre, insondables a su paso, espesos y oscuros, recónditos, a veces, conviven animales fantásticos mitad aves, mitad reptiles o mamíferos inidentificables en actitud vigilante. No son espacios nítidos, constantemente se cierne sobre ellos una especie de bruma granulosa que impide cualquier incursión para poder ser compartidos, sólo pueden ser contemplados, mirados desde la distancia de unos metros insalvables y entretanto, además, esos animales fabulosos que no consiente ninguna duda, sólo mirar, y mirar a este lado desde la rutina, y mirar alrededor y percibir unos ambientes superpoblados, cautivos por el propio ilotismo de lo cotidiano sin esfuerzo, naturalmente, y mirar alrededor y ver eso y más, un ritmo desacompasado, brusco, precipitado, antenas de televisión, chimeneas humeantes, y tejados, tejados, tejados y un cielo gris sin ilusión, y mirar en el cuadro, y en .el cuadro, lejano, un terreno tremendo, incomprensible que escasamente distinguimos, imaginamos por algún apunte, alguna nota clarificadora, pero sólo alguna vez, sólo alguna vez apreciamos una montaña silueteada, borrosa, la forma de un árbol, una perspectiva en profundidad, la erubescencia de un volcán, tan tenebroso...

La luz se abre con dificultad, penetra lenta, esparcida, como desplazándose sigilosa. Otras, la luz refulge ignífera en un territorio desolado y entristecido, muriendo donde edificios llenos de ventanas se derrumban arruinados resultado de un ataque enfebrecido. Paisajes severos, sombríos, enigmáticos, sin poblar.

Para Aníbal Merlo la soledad resulta un estado positivo, muy importante, para el propio individuo, conduce a la mezcla y su efecto de las sensaciones que provocan los hechos reales, se aprecian y analizan íntimamente sin mediatizaciones ni incursiones ajenas al compromiso personal para luego transmitirlo, también solo, por el dibujo del color. Y mediante el misterio, eficaz en otros ámbitos alejados de lo corriente, sugerido con imágenes abstractas, provocado por la imaginación, por la misma realidad, emocionar la sensibilidad al contemplarse, aprehender lo inaprehensible, cogerlo con la mano, con los ojos, pero al tiempo se escurre y escapa inexorable.

Un proceso de rapidísimas apreciaciones reflejas ilusión-realidad, fábula-verdad.

Un proceso tan animado como el exclusivo proceso de Aníbal Merlo en el que nada termina inmediatamente ni son sabidos los resultados al golpe de pinceladas estudiadas y concretas, aquí el desarrollo es destinado a la improvisación y a la sorpresa, es como un choque, una revelación, un fluir continuo en el divertimenío de lo sólido y lo fluido, en la marcha libre de los líquidos por la tela y las arenillas texturales y su mezcla, los cambios de disposición, la dureza de la base, más tarde decenas de iridiscencias apagadas se reparten por el cuadro caprichosas en dinámicos efectos palpables y figurativos.

En el proceso, en la búsqueda icónica, Aníbal Merlo, avanza zigzagueante, nunca desecha nada de lo anterior ni lo abandona definitivamente, toma otros caminos, otros campos sin descubrir, y retrocede y coge algo de entonces y lo incorpora al nuevo pasaje, una gama, una perspectiva, un gesto, una figura, un aspecto. De espacios abiertos y vacíos, con acuarelas y óleos posteriores, como cielo, mares en tonos cálidos, a crear figuras para esos espacios.y a convertirlos en interiores después, hasta una zona de abstracción que no haya ni espacio ni fondo ni figura, que el cuadro responda como pintura, con mayor coherencia en la totalidad, prescindiendo de color y eliminando lo superfluo para desarrollar y centrar la forma, los propios signos.

Aníbal Merlo nació en Buenos Aires, Argentina, en 1949, Hace catorce afíos tomó la decisión de dejar su país y viajar por el mundo, pensó en París o Italia, pero .eligió Madrid. Aquella decisión estaba motivada por un profundo deseo de estar con él mismo y aprender, vivir otras vidas. Como un poso, velado entre las erosiones de la pintura, las imágenes reveladas, se descubre su deseo íntimo, movimiento., mutación, hondura, incomunicación, infranqueo.