Aníbal Merlo, naturaleza y orden

Pilar Treviño Fajardo, El Punto de las Artes, 26/6/1998

Han pasado dos años desde que Aníbal Merlo realizara su última exposición en Madrid, también en la galería May Moré. En esta nueva muestra se concretan aspectos que. sólo se avanzaban en su obra anterior: junto a la refinada libertad de las pinceladas fluidas que aparecían hasta ahora, se individualizan en el lienzo unas figuras geométricas que sugieren arquitecturas arcaicas, elementos primitivos, insinuaciones figurativas. Se impone así la necesidad de unas pautas de referencia que orienten el caos.

La huella y la textura como valores plásticos, continúan siendo factores importantes. El color no está nunca aplicado uniformemente, y llama la atención la sensación de ligereza lograda por la acción del acrílico sobre el lienzo, restando dramatismo a la pintura, lo cual se materializa como un valor positivo en el resultado final puesto que se contrarresta con un efecto de mayor sutileza. Consigue texturas que tienen mucho de azar, de apariencia orgánica, como las vetas de la madera que tan querida es para él y a la que saca tanto partido en otras obras. Su paleta se ha afirmado en unos colores limpios, combinados como en la naturaleza: siena y azul, rojo y verde, verde sobre ocre amarillo.

Pero sobre esta base de sinuosidad orgánica, vemos, tanto en sus pinturas como en sus esculturas, cómo Anibal Merlo reúne en un contraste de opuestos las líneas rectas y las curvas, juega con el vacío y el macizo, poniendo en relación dialéctica la concepción orgánica de las formas y las figuras geométricas: círculos, rectángulos y líneas quebradas. Sus obras escultóricas regidas por estas leyes, alcanzan en ocasiones grandes dimensiones, pero incluso sus esculturas más reducidas contienen un valor de monumentalidad. En ocasiones juega con las posibilidades combinatorias de los volúmenes, pero en otras -las de resultados más bellos- se concentra en la estilización de las formas y en la nobleza de las maderas desnudas -fresno, pino, sipo- puestas en valor por algo de color. La estilización de las formas nos lleva a pensar en obeliscos y estelas reinterpretados libremente desde la pura belleza visual, pero conservando la enorme potencia de su presencia. En estas obras persigue la totalidad más que el fragmento yn en ellas alcanza la máxima tensión entre naturaleza y orden.